Coaching Nutricional

El concepto de coaching nutricional a menudo genera algo de confusión. Es algo que no está demasiado claro para mucha gente. No está muy claro qué es, para qué sirve, qué finalidad tiene o qué diferencias existen con un tratamiento dietético tradicional.

Antes de continuar, hay que dejar una cosa muy clara, el coaching nutricional no sustituye, ni lo pretende, el conocimiento técnico del nutricionista. Es decir, por un lado está el saber técnico del que dispone el Dietista Nutricionista que le permite hacer una valoración del estado nutricional del paciente y diseñar la pauta nutricional adecuada a cada situación particular, y por otro está el enfoque del coaching nutricional que viene a sumar para lograr que el paciente lleve a cabo dicha pauta.

Con el coaching nutricional se trabaja más allá del plan alimentario. Se trabaja en la definición del objetivo que se desea alcanzar, la motivación por ese objetivo, los posibles obstáculos y barreras que pueden aparecer durante el tratamiento, las emociones relacionadas con los alimentos, el entorno de la persona, la práctica de actividad física. Es decir, no se centra únicamente en los alimentos y los menús semanales, sino que se tratan diversos temas que por algún motivo interfieren en la alimentación de la persona que está queriendo llevar a cabo un cambio en su alimentación.

La motivación es la clave del éxito

El coaching referido a la promoción de la salud a través  de la alimentación pretende cambiar el concepto del paciente como un sujeto pasivo, hacia un enfoque en el que la persona asume la responsabilidad de sus propias acciones y toma conciencia de la importancia de cuidarse a si misma. Esta perspectiva es fiel a los planteamientos originales del coaching y hace que el propio interesado sea el centro y origen de las posibles soluciones y mejoras ante las distintas conflictivas.

Otras estrategias dietéticas, en especial las relacionadas con el adelgazamiento, son a menudo tajantes en relación a qué comer, cuándo y cómo hacerlo. En oposición a estos sistemas restrictivos y negativos, el coaching alimentario apuesta por un planteamiento vitalicio de mejora, en virtud d los verdaderos  objetivos del paciente. El primer paso para progresar hacia la consecución de las metas parte del autoconocimiento y de la averiguación de la verdadera motivación que invita a alguien a dirigirse hacia un determinado objetivo, es el denominado “para qué”. Es decir, afrontar un planteamiento previo de la situación sin el cual resultaría poco práctico atreverse a cualquier cambio posterior.

De esta forma, la motivación es una pieza clave en todo el proceso y, para ello, es habitual cambiar cierta dinámica en la forma de pensar. Una frase mal planteada sería: “como no tengo fuerza de voluntad, no perderé peso nunca” Debería cambiarse por “como quiero perder peso, encontraré la forma de hacerlo”.

Afrontar retos con otra perspectiva

En ocasiones, el “coach” reconducirá este proceso mental y guiará al paciente para hacerle patente su grado de motivación. En numerosas ocasiones, las personas se plantean querer hacer dieta durante un determinado tiempo y la comienzan, pero es frecuente terminar por abandonarla y, por lo tanto, fracasar en el empeño. La clave inicial parte de la obtención de las motivaciones, del “para qué” ¿qué sentido tiene para mí lo que quiero conseguir? ¿qué propósito tengo?

Una vez conocidas las motivaciones, el profesional de la salud, el coach, como especialista, plantearás las mejores estrategias adaptadas a cada paciente para que éste alcance sus objetivos. La figura del dietista-nutricionista desempeña un papel fundamental para aportar las opciones nutricionales más convenientes, una vez que ha sondeado las circunstancias del paciente a partir de las correspondientes encuestas dietéticas.

Más aplicaciones sobre la salud 

Cada vez son más los centros y entidades sanitarias que, en todo el mundo, cuentan entre su personal con especialistas en “health coaching”, una técnica que reporta beneficios en poco tiempo al paciente. Esta forma de afrontar los retos o los conflictos resulta beneficiosa desde el punto de vista económico, ya que los pacientes que adquieren habilidades de autogestión en relación con sus problemas dietéticos y de salud, resultan más económicos, como pacientes, para los sistemas sanitarios públicos.

 

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